La inactividad física ha sido la constante en la vida cotidiana del hombre moderno y se ha tornado de esta manera en uno de los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y osteoarticulares.

Se considera sedentarismo la no realización de actividad física de 20 min tres veces por semana. De acuerdo con esta definición esto abarcaría el 58% de la población adulta de las Islas Británicas, el 60% en los EEUU, y el 52% en España. No existen datos científicos para nuestro país.

Estos indicadores, si consideramos la falta de ejercicio como factor de riesgo en enfermedades cardiovasculares, respiratorias y osteoarticulares; lo ubican por encima del tabaquismo, la obesidad, la hipertensión y la diabetes, que alcanzan juntos porcentajes entre 25 y 18% de la población. Naturalmente estos datos porcentuales pueden ser discutidos, pero si les sumamos a ellos factores muy relacionados al sedentarismo, como ser el tabaquismo y el sobrepeso, la cifra se dispara.

¿Cuál es entonces la razón por la que la gran mayoría de los adultos no realiza una mínima actividad física si implica tantos riesgos? No hay estudios concluyentes que expliquen este fenómeno.

Las razones por las cuales un individuo mantiene una actividad física sostenida en la edad adulta son:
1.- factores culturales y de su entorno
2.- atributos personales
3.- una historia personal relacionada con el deporte
Según todos estos datos parece comprobado que existe un factor personal importante que determina una mayor predisposición a la actividad física regular, pero los factores sociales son predominantes a la hora de masificarla.

De lo anteriormente señalado se concluye que el ejercicio físico, sistemático y sistematizado (entrenamiento) en épocas tempranas de la vida desencadenan una serie de cambios fisiológicos que inciden directamente en la salud.

Por último la actividad física no solo interviene en la prevención de las enfermedades sino que cuando éstas llegan la disposición para enfrentarlas es mucho mayor.

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